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07 ene 2014

Epilepsia y embarazo

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La mayoría de las mujeres con epilepsia se diagnostican antes del embarazo y, por tanto, conocen su enfermedad y mantienen el tratamiento más adecuado para cada caso, de forma crónica.

Cuando una mujer con epilepsia quiere quedarse embarazada, debe acudir a una consulta preconcepcional, con el fin de buscar el balance óptimo entre el riesgo materno y fetal que suponen las convulsiones, y el riesgo fetal inherente a la exposición a los fármacos antiepilépticos. Dichos fármacos incrementan la frecuencia de malformaciones congénitas, como cardiopatías, labio leporino y espina bífida, entre otras. Sin embargo, no todos estos medicamentos tienen los mismos efectos adversos, por lo que antes del embarazo se ajustará el tratamiento buscando las dosis más bajas, pero efectivas a la hora de evitar nuevas crisis. Puesto que los fármacos antiepilépticos disminuyen la absorción del ácido fólico, ante el deseo de gestación, la mujer debe comenzar al menos un mes antes con suplementos de ácido fólico y mantener dicho suplemento durante el embarazo.

Ante una gestación en una mujer con epilepsia que no ha planificado su embarazo, no se debe cambiar el tratamiento si las convulsiones están bien controladas, pues el riesgo excede las ventajas, pero sí se deben ajustar las dosis y llevar a cabo un control exhaustivo de la concentración del fármaco en la sangre materna.

Durante el parto se debe mantener el tratamiento habitual, ya que las convulsiones incrementan el riesgo de hipoxia fetal. No existe contraindicación para el parto por vía vaginal y la analgesia epidural se debe ofertar, con las mismas indicaciones y contraindicaciones que en el resto de las mujeres.

Los antiepilépticos se excretan en la leche materna, pero a dosis muy bajas y aunque es rara la sedación del recién nacido, la realidad es que muchas mujeres epilépticas prefieren alimentar a sus hijos con biberón, aunque algunos fármacos se consideren bastante seguros.

10 dic 2013

¿Qué es un embarazo ectópico?

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El embarazo ectópico consiste en la nidación y el desarrollo de un óvulo fecundado en cualquier lugar que no sea la cavidad uterina. Aunque pueden existir otros, el lugar más frecuente donde se puede producir esta situación, son las trompas de Falopio.

Después de la fecundación, la trompa es capaz de transportar el óvulo fecundado hasta la cavidad uterina donde, de modo fisiológico, se desarrolla la gestación normalmente. Sin embargo, en ocasiones está función de transporte se ve alterada y la nidación tiene lugar en la trompa.

Determinados factores inflamatorios, sobre todo si han ocasionado adherencias en el aparato genital interno, pueden ser causa de un embarazo ectópico, aunque en otras ocasiones suceden de forma espontánea, sin factores de riesgo. El problema, es que la trompa no tiene capacidad para albergar un saco gestacional que va creciendo cada semana, de manera que en un momento determinado, si se deja evolucionar espontáneamente, la gestación acaba rompiendo las paredes de la trompa, dando lugar a una hemorragia dentro de la cavidad abdominal. Por ello, el signo más relevante en este caso es el dolor agudo e intenso.

¿Cómo tratarlo?

Hoy en día los pilares del diagnóstico están constituidos por la ecografía y la determinación de β-HCG, una hormona específica del embarazo. Puesto que algunos de estos embarazos no tienen capacidad evolutiva y se acaban solucionando espontáneamente, una vez hecho el diagnóstico, se puede mantener una conducta expectante y realizar controles periódicos hasta comprobar la absoluta resolución.

En otras ocasiones se optará por el tratamiento médico, siendo el metrotexate el fármaco de elección. También en este caso son necesarios controles periódicos, con el fin de verificar si el tratamiento resulta eficaz.

Por último, hay situaciones que requieren el tratamiento quirúrgico, habitualmente mediante laparoscopia, sobre todo si existe hemorragia dentro de la cavidad abdominal o cuando el tratamiento médico ha fracasado.

25 nov 2013

Cómo interpretar las ecografías

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Cuando te haces una ecografía, el médico te va explicando detalladamente lo que va viendo y te informa del progreso del embarazo. Una vez que llegas a casa y vuelves a mirar las ecografías y pruebas no entiendes nada. Ves números y letras por todos lados y no sabes qué significan.

Por esto, te explicamos y desciframos algunas de las siglas y datos más destacados que encontrarás en una ecografía:

CRL: Es la distancia entre la cabeza y la parte más baja de la espalda del feto. Se expresa en milímetros.
  • HAD: Son las siglas de Hadlock, el autor que calculó y publicó la tabla del parámetro CRL.
  • BPD: Indica el diámetro biparietal, el diámetro de la cabeza expresado en milímetros.
  • LMP o FUR: Indica la fecha del último periodo menstrual.
  • EDD o FPP: Indica la fecha estimada para el parto.
  • HC: Es la circunferencia cefálica o dicho de otro modo, el perímetro craneal expresado en milímetros.
  • AC: Es la circunferencia abdominal, indica el perímetro abdominal expresado en milímetros.
  • FL: Longitud del fémur expresada en milímetros.
  • EFW: Se refiere a la estimación del peso de feto expresado en gramos.
  • Mediante todos estos parámetros se puede estimar el peso del feto y comprobar que éste tiene una evolución normal de acuerdo con su edad gestacional.

    12 nov 2013

    ¿Para qué sirven los cursos de preparación al parto?

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    Parece una contradicción que la mujer tenga que prepararse para un proceso fisiológico como es el parto, pero la realidad es que estos cursos de preparación pueden aportar grandes beneficios, tanto desde el punto de vista físico, como en lo que respecta a la esfera emocional que rodea al nacimiento de un hijo.

    Ventajas que ofrecen los cursos de preparación al parto:

    Un aspecto que reviste una gran trascendencia, es el que se refiere a la información que puede recibir la embarazada acerca de aspectos relevantes del embarazo y del momento del parto. Esta información es capaz de disminuir la ansiedad y el miedo hacia algo desconocido, si se trata del primer embarazo, e incluso aliviar el temor por alguna mala experiencia previa. También favorece el aumento de la seguridad en sí misma de la gestante y contribuye en aspectos preventivos, como un elemento en la educación sanitaria, en temas referentes a la alimentación y el ejercicio físico.

    Se pueden incorporar diferentes técnicas de relajación que, además de proporcionar bienestar a la parturienta, mejora la evolución del parto. No podemos olvidar que el parto suele ser largo y somete a la mujer a un fuerte estrés, con situaciones percibidas como dolorosas a pesar de la analgesia y con la preocupación de que el niño nazca sano y no haya complicaciones. También los ejercicios respiratorios contribuyen a controlar la ansiedad y mejoran la oxigenación de la mujer.

    La participación de la pareja en los cursos de preparación al parto resulta fundamental, ya que la mujer no se siente sola y afronta la situación con menos temores. Está totalmente demostrada la utilidad del acompañamiento durante el parto, y cada día se busca más que el parto sea una vivencia plena desde el punto de vista emocional. Por último, es posible el entrenamiento en diferentes técnicas de control del dolor, sobre todo en aquellas mujeres que no deseen analgesia epidural, o que ésta esté contraindicada por motivos médicos.

    07 nov 2013

    Primeros momentos de vida del bebé

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    Las primeras experiencias del bebé se dan en el interior del útero y cuando nace concentra una mezcla de capacidad e inmadurez. Los seres humanos nacemos más prematuramente que el resto de los seres vivos, lo que quiere decir que nacemos con unas capacidades motrices muy limitadas y no podemos hacer nada por nosotros mismos.

    Los bebés al nacer necesitan una figura materna, resulta esencial pues son incapaces de hacer algo ellos solos, solo gritar fuerte y llorar, lo que requiere una gran paciencia por parte de los padres. Pero no todos los bebés se pasan el día llorando, algunos se caracterizan más por momentos somnolientos, tranquilos y poco llorosos.

    Tras el parto, la madre necesita reponerse del cansancio con uno o dos días de descanso, periodo durante el que confía la salud física del bebé al personal hospitalario encargado de su cuidado. Además es normal que la madre al principio no se sienta del todo capacitada y tenga algunas dudas sobre cómo cogerlo, cómo darle el pecho, etc. Sin embargo esta relación madre e hijo se cristaliza rápidamente. La madre empezará a mirarle, tocarle, comunicarse con él de una forma muy particular como solo lo hace una madre y el bebé le devolverá los estímulos, reaccionando a todo lo que viene de ella y creando una comunicación singular.

    En esta comunicación entre madre e hijo es fundamental la mirada, ya que juega un papel muy importante en esta etapa de nacimiento del bebé. En esta etapa caracterizan al bebé momentos de ensimismamiento y de mirada al vacío y también miradas a la madre. La curiosidad es también un rasgo característico del bebé en sus primeros momentos de vida y si hay algo que caracteriza a los seres humanos es que somos curiosos por naturaleza desde el mismo día de nacimiento. En sus primeros instantes de vida, los bebés sienten curiosidad por las caras humanas y podrían ser capaces de reconocer las voces que ya oían durante el embarazo.

    Es normal que la madre esté totalmente receptiva y pendiente de todas las necesidades del bebé durante en esta etapa inicial de su hijo.

    04 nov 2013

    Los primeros movimientos del bebé durante el embarazo

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    Todas las madres se preguntan cuándo notarán por primera vez los movimientos del bebé en su vientre. Esta sensación ocurrirá varias semanas después de que el feto empiece a moverse, aunque también varía según la mujer, ya que algunas tienen mayor sensibilidad a detectar estos movimientos.

    En general los movimientos del bebé empiezan a notarse en el vientre a partir del cuarto o quinto mes de embarazo y esta sensación se repetirá hasta el momento de nacimiento. Antes del cuarto o quinto mes, el bebé también se mueve pero al no ejercer presión todavía sobre la paredes del útero ni que estas presionen nuestros músculos abdominales, no percibimos estos movimientos.

    ¿Cómo se mueve el bebé en tu vientre?

    • Durante las primeras semanas de embarazo el embrión crece por pasos acelerados, va creciendo progresivamente y formándose mientras sus principales características externas toman forma.
    • A partir de la octava semana, comienza el periodo fetal y el bebé empieza a moverse más, aunque la madre aún no lo percibe. El bebé ya puede empuñar los dedos y va desarrollando su tejido muscular y óseo.
    • Alrededor de la semana 20 la madre ya siente una agitación en la parte bajo de abdomen cada vez que el bebé se mueve. Estos primeros movimientos son percibidos por la madre como una sensación de mariposeo suave.
    • A partir de la semana 23, la madre ya nota más claramente al bebé en su vientre.
    • En la semana 26 se da en el bebé el reflejo de sobresalto. Estos sobresaltos son percibidos como reacción a un sonido fuerte o un movimiento brusco.
    • Alrededor de la semana 32, debido a que el bebé ya ha crecido mucho, tendrá menos espacio para moverse. En esta etapa son claramente perceptibles las comunes patadas.
    • En el último mes de embarazo, conforme se acerca la fecha prevista para el parto, los movimientos del bebé disminuyen pues ya ha crecido tanto que no tiene espacio para moverse. Estos movimientos serán más leves pero la madre los seguirá notando.
    21 oct 2013

    Trombosis venosa durante el embarazo

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    La trombosis venosa consiste en la formación de un coágulo en el interior de una vena, que puede desprenderse y viajar hasta el territorio arterial pulmonar, produciendo una embolia de pulmón. El embarazo constituye por sí solo una situación que incrementa el riesgo de trombosis ya que, de forma fisiológica, durante la gestación existe un incremento de los factores sanguíneos que colaboran en la coagulación sanguínea, hecho que supone un importante mecanismo de defensa natural para evitar las hemorragias asociadas al parto. Por otra parte, el progresivo crecimiento del útero, ocasiona fenómenos compresivos sobre los vasos venosos de la pelvis femenina a lo largo del embarazo, dificultando así el retorno venoso desde los miembros inferiores y propiciando la aparición de trombos a dicho nivel.

    ¿Qué factores incrementan la trombosis venosa durante el embarazo?

    Algunas situaciones incrementan el riesgo trombótico de la gestación y de esta manera la edad materna juega un papel importante, ya que a partir de los 35 años dicho riesgo es casi un 40% superior. La obesidad, el antecedente de trombosis y enfermedades como el lupus eritematoso sistémico también son factores de riesgo para la existencia de trombosis venosa, sin olvidar los períodos prolongados de reposo, que en ocasiones se recomiendan durante el embarazo.

    En los últimos años se está dando especial relevancia a un conjunto de alteraciones que, englobadas con el nombre de trombofilias, incluyen una serie de alteraciones que aumentan el riesgo de trombosis y que adquieren especial relevancia en el embarazo. La historia clínica detallada en el inicio de la gestación, junto con la detección y seguimiento de todas las posibles complicaciones que puedan acontecer en el periodo antenatal, van a marcar la necesidad de establecer medidas preventivas para evitar la aparición de trombosis. De esta manera, cuando exista un riesgo consistente, es necesario administrar tratamiento anticoagulante, generalmente heparina de bajo peso molecular, que se mantendrá hasta unas horas antes del parto, para reanudarlo posteriomente. Puesto que el puerperio también entraña riesgo de trombosis, las medidas de vigilancia se deben mantener durante este periodo, sobre todo si ha existido algún foco infeccioso en el posparto.

    17 oct 2013

    La amniocentesis: qué es, para qué sirve y cómo se practica

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    La amniocentesis es un examen médico prenatal que se hace durante el embarazo a través del cual se puede recoger información sobre el desarrollo del bebé. Esta prueba consiste en la extracción de una pequeña muestra del líquido amniótico, líquido que rodea al feto en el útero, para analizarla.

    La amniocentesis suele realizarse cuando la embarazada se encuentra entre la semana 16 y la 22 de gestación y suele ser común en mujeres con predisposición genética a que el bebé sufra problemas genéticos o cromosómicos. Suele ser la embarazada la que decide si se somete a esta prueba o no ya que la amniocentesis implica ciertos riesgos como la posibilidad de sufrir un aborto espontáneo.

    ¿Para qué se utiliza la amniocentesis?

    Existen diferentes razones por la que puede emplearse la amniocentesis durante el embarazo:

  • Detección de problemas genéticos o cromosómicos del feto como el síndrome de Down.
  • Detección de enfermedades que afecten a las funciones metabólicas.
  • Para detectar posibles infecciones intrauterinas.
  • Determinar la madurez de los pulmones del bebé para saber si se corre riesgo de parto prematuro.
  • Con el fin de verificar el bienestar del bebé en el útero.
  • ¿Cómo se practica una amniocentesis?

    Antes de practicar la amniocentesis se hace un examen con la ayuda de un escáner para determinar la posición del feto y la placeta, tras esto se inserta una aguja en el útero y se retira un poco de líquido de la bolsa amniótica. Tras extraer el líquido amniótico se procede a un centrifugado del mismo con el que se separan las células desprendidas del feto, estas células se cultivan durante un período que va de 2 a 5 semanas y con los resultados se analiza el estado de salud del bebé.

    ¿Hay alguna alternativa?

    Por fortuna existen alternativas tan o más efectivas como la amniocentesis que no encierran riesgo alguno y se pueden realizar cómodamente, un ejemplo es el test prenatal NACE Plus. Se trata de un estudio prenatal no invasivo con el que mediante un análisis de la sangre de la madre, se puede identificar si el futuro bebé puede sufrir un trastorno genético, como por ejemplo el Síndrome de Down. En la sangre de la madre se pueden encontrar células del feto, lo que facilita poder acceder a la información genética y concretamente identificar el número de cromosomas del futuro bebé.

    08 oct 2013

    Embarazo de alto riesgo por placenta previa.

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    Se trata de un cuadro clínico que consiste en la implantación de la placenta en zonas anormalmente bajas del útero, pudiendo anteponerse total o parcialmente al feto.

    Hoy en día, la realización de ecografías durante el embarazo permite conocer con precisión la localización de la placenta y establecer el diagnóstico de placenta previa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el lugar de implantación placentaria puede sufrir modificaciones a lo largo de la gestación, de forma que con el crecimiento uterino se puede producir el desplazamiento ascendente y, placentas anormalmente bajas durante el segundo trimestre, pueden alcanzar una localización normal cuando el embarazo llegue a término.

    Por otra parte, existen diferentes grados, desde la placenta que ocupa totalmente el orificio que comunica con el cuello uterino, hasta aquellos casos en los que la inserción de la placenta es baja, pero sin obstruir dicho orificio. Esta circunstancia resulta determinante en el momento del parto, ya que cuando existe una placenta previa oclusiva total, el parto por vía vaginal es imposible y hay que recurrir a la realización de una cesárea.

    La placenta previa puede cursar de forma asintomática, aunque en otras ocasiones está presente el síntoma principal de este cuadro, que es la hemorragia genital.Cuando los episodios de sangrado se producen de forma precoz, peor es el pronóstico del embarazo ya que, aunque inicialmente cesen, tienden a repetirse y a ser cada vez más graves, llegando incluso a ser necesario realizar una cesárea de forma prematura. Cuando el embarazo cursa sin complicaciones hemorrágicas, si la placenta es oclusiva, se debe programar una cesárea, teniendo en cuenta que el riesgo de sangrado quirúrgico se encuentra notablemente incrementado en estos casos.

    Un embarazo con placenta previa debe ser considerado de alto riesgo. Se debe informar de manera individualizada a cada gestante, explicando la situación concreta en cada caso, los riesgos y el tipo de parto posible. Es fundamental, además que la mujer sepa que, ante la presencia de hemorragia, debe acudir a un hospital que disponga de medios suficientes para la asistencia materna y del recién nacido.

    25 sep 2013

    El embarazo a partir de los cuarenta

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    Hace algunas décadas era extremadamente inusual que una mujer tuviera un embarazo a partir de los cuarenta años, sobre todo si se trataba de su primera gestación. Lo cierto es que en los últimos años se están produciendo una serie de cambios que, de forma gradual, han ido modificando el perfil de edad de las mujeres que dan a luz.

    Probablemente la incorporación de la mujer a la vida laboral, sobre todo en puestos de trabajo que requieren una alta cualificación, los cambios en los modelos de unidad familiar y la situación económica del país, son factores que influyen notablemente en un retraso considerable a la hora de plantearse un embarazo. El deseo de la maternidad a partir de los cuarenta años, sobre todo en mujeres que no han tenido hijos, es vivido en muchas ocasiones con la ansiedad propia de que el tiempo se echa encima y se agotan las posibilidades de conseguirlo.

    Factores a tener en cuenta en un embarazo a partir de los cuarenta

    Si bien es cierto que en plena madurez de la vida, la búsqueda de un embarazo suele darse en el contexto de una maternidad responsable, es importante tener en cuenta determinados hechos que la mujer debe conocer para que su elección sea realmente libre.

    Por una parte, la capacidad reproductiva va menguando en la mujer a medida que transcurren los años, de manera que puede tener más dificultades a la hora de conseguir una gestación, también es más alta la tasa de abortos espontáneos y, si se logra el embarazo, se incrementa notablemente el riesgo de alteraciones cromosómicas, la más conocida es el síndrome de Down.

    Por otra parte, la edad materna por encima de los cuarenta años, supone un aumento en las posibilidades de que surjan complicaciones, como diabetes gestacional, trastornos hipertensivos y enfermedades tromboembólicas, entre otras.

    Lejos de contraindicar el embarazo en estas edades, sí se debe informar detalladamente de los riesgos, realizar una consulta preconcepcional adecuada y así ofrecer a la mujer una maternidad totalmente responsable y lo más segura posible.

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